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Galeria de Retratos se configura en torno a la imagen del individuo y al tratamiento que de ella realiza Francisco Merello. Este proyecto supone la existencia de una base común de reconocimiento de los individuos con quienes el pintor realiza un trato. este trato consiste ,en primer lugar, en una especie de negociación fotográfica que tendrá como resultado un cuadro.
En segundo lugar, este cuadro será realizado de acuerdo con un código al que el propio pintor se ha sometido. Lo que se podría discutir es la pertinencia del código personal, que consiste en la conversión de todo valor de la toma fotográfica, hacia un mapa de distribución de fuerzas que pretende expresar, en alguna medida, el carácter del retratado. Lo cierto es que dicho carácter es una construcción que toma prestadas las normas de prensa, pero busca una autonomía interpretativa que se juega dentro de límites muy reducidos. Estos límites son el encuadre y el aplanamiento de la figura, guardando algunos detalles distintivos de la función social del retratado. Esto convierte a Francisco Merello en un imaginero de la representación del poder, a través de la revalorización de una actividad marginal en la pintura: el retratismo. En fin, un cierto retratismo, que se inspira en la actividad de código de Mulato Gil, pero a la que le quita el efecto del miniaturismo mediante una borradura de la representación de la carne. Lo que en Mulato parece reproducción de madera policromada, Francisco Merello lo sepulta bajo una gama de grises, como si los sometiera a una operación de conservación y restauración que lo acerca a la actividad del fabricante de máscaras mortorias (coméstica funeraria).

Lo interesante de las propuesta de Francisco Merello es que desafía la actual complacencia tecnológica de la representación de la “rostroreidad”, llevando al extremo lo que se podría denominar un “arte del retoque del retoque” , remitiéndola a un ejercicio de homogeneización que debe contar, minimamente, con la complacencia del retratado, en un terreno que se somete ficticiamente a la reconstrucción de un “album de personajes ilustres”. Otra cosa es su sistema de selección de dichos personajes.

Ya la noción misma de “album” o de “galería” es una construcción retórica; sobre todo si esta pensada para plasmarse en un proyecto editorial y o mural. Esto exige el acuerdo -otra negociación- entre el pintor y el mandante -una institución-, acerca de la pertinencia de su trabajo en un espacio público determinado cuestión que no hace sino repetir el gesto distintivo de las históricas relaciones entre los mandantes institucionales y los artistas, desde el Renacimiento a nuestros días.

Justo Pastor Mellado
Madrid, diciembre 1997

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