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Recibo de Alkmaar, Holanda,una carta singularmente en una mezcla de español e italiano a la que habría que añadir la contaminación linguística holandesa que va asimilando el autor.
En esta peculiar carta está contenida toda la biografía de Francisco Merello, pintor, trotamundos un poco por vocación y un poco por necesidad, que ha encontrado en la bella y civilizada Holanda su país de residencia, sin haber olvidado Italia, su segunda patria.
¿Por qué menciono estos detalles aparentemente irrelevantes?Sobre todo, porque a Merello lo conocí a través de un escritor florentino,un escritor auténtico, excéntrico, marginal por diferentes razones, pero orgullosamente convencido de encontrarse en el centro mismo de la Via Láctea de “buñueliana” memoria. Su nombre era Piero Santi, un descubridor de talentos en todos los ámbitos, tanto en los literarios, donde descubría a primera vista al poeta o al autor en potencia, como a los pictóricos donde también olfateaba tempranamente el talento. Sirva este escrito para rendirle homenaje, pués los trabajos actuales que Merello me envía confirman ampliamente la temprana premonición de Piero.
¿Que veo en estas imágenes? Por una parte la ampliación del repertorio figurativo de Merello, por otra, una ascensión cromática, una pureza en las imágenes, además de ritmos e ideas compositivas sintomáticas. Se trata de señales precisas: el aflorar de una proyección articulada, ya dirigida a la composición, ya a la narración, ya al fugitivo golpe de vista, ya a la lenta e invisible adición de formas, de elementos dialecticamente contrapuestos o amalgamados en un tipo de narración ralentizada. El Merello de ayer, del apenas ayer, que conocí y presenté criticamente, está ahora muy lejos. Esto me lleva a un inesperado y nuevo empeño crítico lleno de curiosidad e interrogantes.
¿Qué ha provocado este cambio, este salto urgente de cualidad? Decir simplemente que ha llegado a la madurez, es no decir casi nada.El artista que me escribe que ha vuelto a una nueva adhesión a los datos de la realidad, a usar filtros para acercarla y absorverla, o sea para mantenerse a una prudente distancia, en función del propio proceso. El me informa de que recurre conscientemente a la fotografía, a las técnicas gráficas e incluso a la lenta y precisa técnica calcográfica, pero sintiéndose libre en la elección que solo está supeditada a mantener la distancia deseada del modelo elegido. Libertad, una palabra mágica para Merello, una de las llaves de acceso a su universo virtual, a su mundo formal que denota además de la influencia de las más sofisticadas tecnologías cirbenéticas. Se dirá que, por momentos, Merello recurre al arte Pop americano, por ejemplo, a “George & Gilbert”, o a ejemplos de la realidad o de la trasposición fantasmagórica de ésta, de raíz surrealista, o a la contaminación de “medios” de percepción diferentes como la fotografía, la TV, el diseño, la pintura o el collage amalgamados de forma original.
Lo que cuenta e importa es este enriquecimiento inaudito, la nueva expresión de este renovado repertorio iconográfico, pictórico, compositivo y formal.
Esto se cumple a través de un proceso vinculante casi ritual. Particularmente la veo al examinar un desnudo de mujer degasiano de 1994. Se confirma en una fuerte composición cartesiana que es la “Variación en 4 espacios” de 1993, siendo otra obra significativa “Hotel Madrid” de 1988 que evoca un cierto “grafitismo neoyorquino underground”. Asi me atrae esta imprevista constancia en su obra, Pero?qué produce esta fidelidad? Se puede explicar, cuando al inicio del siglo, Walter Crane, en su “Manual de diseño” el más difundido en la Europa Contemporánea, en la variedad de los métodos que sugiere en los procedimientos analíticamente presentados, nos habla de una cultura positivista, por la cual fórmulas, modelos figurativos y su adquisición psicológica y visual, son cosa de ordinaria certeza por no decir obvia o natural.
Sir Ernst Gombrich con empeño encomiable, ha difundido una ciencia enciclopédica ya sea en “Arte e ilusión”, por usar un titulo famoso como también en el famoso ensayo “El sentido del orden”. Basta entonces hacer referencia a ello para evitar caer en lo que caen muchos críticos cuando se encuentran frente a obras compositiva, iconográfica y colorísticamente compuestas ya aparentemente simples, pero que encierran una evidente complejidad.Ya que la extrema simplicidad es el resultado de una meditada investigación, de una aspiración más profunda que al principio puede no ser evidente. No mal interpretemos sin embargo. Si yo pensara en los mensajes ocultos que se esconden detrás de esta apariencia tan simple y desnuda, tendría que recurrir reiteradamente a la aportación ofrecida por Gombrich y otros.
No hay nada peor que la ilativa superficialidad de análisis, para decir imperdonablemente poco. Personalmente creo que no hay nada críptico en la reciente pintura de Merello. Esa manifiesta y profunda complejidad viene de hecho aflorando irrestiblemente en la segunda observación, para hacerse identificar plenamente en sus elementos peculiares, en una observación posterior. Estamos frente a una pintura culta pero exenta de manipulaciones excesivas, de opacidad.
Es la obra de Merello afin a la escritura de la que antes hablé , donde viven y se retroalimentan diversos elementos linguisticos que confluyen en la constante que voy señalando. Es siempre un orden inaudito, el orden de la secuencia directa que connota el peculiar y único dictado figurativo de Francisco Merello. Estamos como transportados por un “dolly” más allá de los confines de la realidad, donde parece que se asiste al encuentro impensable entre el Crane de 1900 y el Merello del 1994. Este último, nuestro artista contemporáneo, resulta capaz de absorver diferentes elementos, las más distantes impresiones sin por esta, abandonar el timbre personal y, así reencontrando en Módulos persistentes una consolidación ulterior de la propia, única e irrepetible visión de las cosas.

Texto: Rolando Bellini.
Brera, 1996 Milano.

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